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La rifa interminable

Sin lugar a dudas

PATRICIO DE LA FUENTE
"Cuando tienes demasiadas prioridades principales, efectivamente no tienes prioridades principales".— Stephen Covey

La saga del avión parece no tener desenlace a la vista ni comprador que se anime. Aunque muchos anticipan el final, la producción amaga con extenderla hasta el cansancio sin importar que el público se encuentre hastiado y quiera ver otras cosas más originales. El chiste es llenar la pantalla de refritos como en los tiempos dorados de las televisoras porque en esencia nuestro pueblo, piensan los políticos, es afecto y proclive a los dramas y culebrones de larga duración.

Comprobémoslo con muchas de las series que hoy en día se transmiten por Netflix. Al principio logró cautivar al público gracias a su originalidad, trama, elenco y por estar espléndidamente escrita e hilada. Durante varias temporadas mantuvo altos índices de audiencia y a miles de entusiastas televidentes fieles a la historia, pero, como ocurre hasta en las mejores producciones, la saga se alargó demasiado y terminó convirtiéndose en algo interminable, predecible y alejado de su esencia original. Continúa transmitiéndose por nostalgia o rutina, pero interesa poco no obstante las variaciones y no pocos enredos que observa el guion.

Hablando en serio, existe -y muchos comienzan a notarlo- una marcada diferencia entre las prioridades que ocupan a los mexicanos frente a lo que parece importarle al presidente López Obrador. A los ciudadanos fundamentalmente nos preocupa y duele la pandemia y en consecuencia las crisis de salud, económica y de seguridad en ciernes, en tanto el primer mandatario se congratula por haberse erigido en una suerte de titular de juegos y sorteos, gerente general del Instituto de Consultas Innecesarias y a Modo y adalid que salvará a la nación de la incómoda prensa crítica.

Desde siempre, Andrés Manuel López Obrador ha compartido con nosotros sus banderas y obsesiones por igual, llámese luchar contra la corrupción -lo cual personalmente le aplaudo-, desterrar a la mafia del poder, los fraudes electorales, Felipe Calderón, etcétera. Ha sido, tanto en lo que quiere lograr como en lo que lo motiva, un hombre honesto que suele decirnos y anticiparnos de sus planes. Sin embargo, de entre sus facetas y vertientes, que son variadas, jamás habríamos adivinado el gusto que el primer mandatario le agarró a la organización de sorteos. Tan contento parece estar el presidente ante el "rotundo éxito" de cierta rifa que ya anunció que el próximo año, además de las elecciones intermedias donde quiere aparecer a cómo dé lugar y los preparativos para el juicio contra los expresidentes donde desde ahora anticipo que ninguno será encarcelado, también vendrán más sorteos.

Quizá, en su fuero interno, el presidente López Obrador pensó que la supuesta rifa de la tan mencionada aeronave provocaría un sentimiento de unidad y apoyo equiparable a lo ocurrido en 1938, cuando millones de mexicanos acudieron voluntariamente a Palacio Nacional a efecto de entregar desde joyas hasta gallinas, en apoyo a la expropiación petrolera decretada por Lázaro Cárdenas.

So pena de contrariar a algunos, el éxito de la rifa no fue tal. Recordemos que hace algunos meses se utilizó todo el poder de "convencimiento" de la Presidencia de la República, a efecto de presionar a los empresarios más importantes de este país para que acudieran a una cena en Palacio Nacional y desembolsaran millones de pesos en apoyo a la causa de salvar el día y vender un avión para el cual no hubo, y quizá seguirá sin haber, un valiente que se anime a comprarlo.

A dos años de distancia, lo que empezó como bandera de campaña terminó convirtiéndose en una historia de enredos más parecida a una comedia de situación que a lo que debieran ser las prioridades de un primer mandatario y su Gobierno. Al parecer, todo comenzó durante un mitin celebrado durante el proceso electoral de 2018. Andrés Manuel López Obrador se encontraba hablando sobre lo ostentoso y absurdo que le resultaba el avión presidencial mexicano cuando súbitamente alguien del público gritó la que se convertiría en una de las frases más exitosas de la campaña. "Ese avión no lo tiene ni Obama", respondió uno de los asistentes al acto del tabasqueño, quien ni tardo ni perezoso hizo suyo dicho comentario al considerarlo sumamente original. Vaya que lo fue.

Aunque todos sabemos que el Air Force One es mucho más sofisticado y caro que el avión estrenado durante la administración de Enrique Peña Nieto, la saga ha valido para una serie por capítulos que comienza a exasperar o entretener a más de uno según sea el caso. Como historieta cumple su propósito, pero en términos financieros resulta desastrosa y de poco sirve para atenuar alguno de los muchos males que aquejan al país. Lo que es válido durante cualquier campaña comienza a verse con extrañeza aun para quienes votaron por Andrés Manuel López Obrador y su proyecto. Muchos de esos votantes, golpeados por el presente y la cruda realidad, se preguntan si es válido que frente a los males que nos aquejan el jefe del Estado dedique tantas horas del día en construir narrativas estrambóticas que distraen, pero que en esencia nada resuelven.

Lo público no puede basarse única y exclusivamente en condenar símbolos del ayer y obsesionarse por un pasado que es justo eso: pretérito. No solo de rifas, consultas patito y sorteos vive el hombre.

Twitter @patoloquasto

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